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Verónica Willenberg

Communication for Wellbeing

Saltos de Fe

June 17, 2018

 

REVISTA HACIDMAGAZINE.COM - BARCELONA

SECCIÓN COMUNICACION PARA EL BIENESTAR

Por Verónica Willenberg

 

La Vida no se olvida de nuestros más profundos anhelos. La Vida nos espera, paciente. Nos da señales, nos envía mensajes encriptados, porque nos sabe capaces de descifrarlos. Nos brinda la música y la poesía para que no perdamos la Esperanza. Para que nos conmovamos y activemos, desde el centro de nuestro Ser, la semilla de lo nuevo!

 

Cargamos con la destructiva creencia de que para dar “lugar a lo nuevo” en nuestra vida y en nuestras comunidades, para dar rienda suelta a nuevos sueños, a nuevas formas de ser y de hacer, lo viejo e incluso gran parte de lo presente, deben morir.

Permanentemente somos inducidos a soltar, para poder avanzar. Y esto nos lleva a un abismo que muchas veces lejos de animarnos, nos detiene o nos paraliza, alejando en nuestro horizonte vital, la inmensa oportunidad de repensarnos, de explorar nuestros aspectos más íntimos con nosotros mismos y con los seres que nos rodean.

 

Y ante cada desafío muchas veces nos cuestionamos, nos juzgamos, nos presionamos y nos reprimimos. Nos perdemos de dar esos pequeños saltitos similares a los que dábamos de pequeños, cuando jugábamos entre charcos. Esos saltos que nos brotaban espontáneamente y que desplegaban imaginarios trampolines, mientras nos conectaban con el aspecto más lúdico y trascendente de la Vida… Saltos que nos convertían, por un mágico y eterno instante, en magos que todo lo podían, que todo lo transformaban y que creían en imposibles.

 

Y es entendible, racionalmente hablando, que ante los cambios nos inundemos de miedos y cuestionamientos, de culpas y represiones. Porque nos hemos criado en una cultura que para seguir existiendo, requiere que mantengamos bien a raya nuestros instintos, nuestros más anhelados sueños, nuestros más secretos temores y misterios. Es requisito que nuestra energía intrépida y nuestra osadía, se sumerjan en las profundidades, perdiéndonos la maravillosa experiencia de portarlas a “flor de piel”.

 

El motor de la Cultura Antropocéntrica -que por fin deambula en decadencia- se alimenta de nuestra conciencia de carencia, de creernos incompletos y necesitados de un “afuera” habitado por personas, expectativas, bienes materiales y estimulantes de todo tipo, que supuestamente completarán nuestra existencia y mientras tanto nos mantendrán bien dormidos. Un afuera que promete salvarnos de la eterna soledad y del profundo aburrimiento, ese conocido puerto al que esta misma cultura nos lleva, por tantas vías y canales, una y otra vez, en ilimitadas oportunidades.

 

En este contexto planteado, macabro desde su concepción, los vínculos humanos están signados por la posesión y, desde ya, por el engaño. Mecanismos que generan inevitablemente, más angustia existencial, más carencia y una profunda frustración que nos azota en nuestros pliegues más íntimos. Que nos asfixia, que nos condena antes de intentar hacer algo distinto, a lo que se espera de nosotros.

 

 

Ahora bien… El Amor y la Vida nada tienen que ver con esto. En absoluto. El Amor y la Vida no escatiman nada. No miden. No esperan recompensas. No engañan ni manipulan. No compiten, ni abusan. No poseen. No saben de separación ni de límites autoimpuestos. Porque son como niños: genuinos e inocentes. No dije tontos sino inocentes, carentes de maldad.

 

A cada instante, desde hace millones de años, la Vida se regenera a si misma, se expande, se multiplica, se reinventa. Sus mecanismos de funcionamiento se basan en la Confianza, la Honestidad, la Cooperación, la Integración, la Inter-Conexión, la Abundancia, la Co-Existencia, la Co-Creación y la Convivencia.  A cada instante la Vida desarrolla y ofrece sus máximos potenciales. La Vida no se guarda nada, no retiene, no se auto limita. En eso se basa su permanencia y su profundo sentido de trascendencia. En que da todo de sí a cada momento, en cada aliento, como si fuera el último. Nace y muere mil veces, sin temor, sin cuestionamientos ni expectativas.

 

Somos los Humanos los que frecuentemente nos olvidamos de honrar la Vida, de saborearla, de disfrutarla lenta e intensamente. Como a una fuente llena de deliciosos manjares. Como a una lluvia fresca sobre nuestra piel. Como a una música que nos conmueve hasta las lágrimas, si la dejamos circular por nuestro cuerpo hasta que nos atraviese el Alma.

 

Somos los Humanos los que usualmente medimos, controlamos, especulamos y condicionamos el flujo natural de la Vida. Los que interferimos, nos creemos poseedores de cosas materiales, de personas, de lugares, de aromas. Los que “tomamos” lo que necesitamos con arrogancia, sin conciencia.

 

Y la Vida se rebela a nuestro paso y nos llena de perfumes en primavera y nos arrebata las hojas en otoño, para que soltemos sólo lo innecesario. Nos invita a recluirnos para sembrar lo nuevo en invierno, a germinar y a florecer con todas nuestras fuerzas y nuestros más brillantes colores, cuando asoman los rayos del sol cada mañana, cuando nos rozan los primeros aires tibios, cada primavera.

La Vida nos llena de espejos en los que podemos mirarnos sin máscaras, sin personajes, percibiendo la resonancia que anida en cada instante, cuando lo habitamos con presencia plena.

 

La Vida nos enseña a cada paso. Nos invita a Ser Amor, a aprender a dar y a recibir Amor. Un Amor verdadero, simple, liviano, que no sabe de esclavitudes ni de postergaciones. Un Amor que cuida, que nutre, que eleva, que busca el Bien Común. Que comparte, que cree y crea. Un Amor que nos inspira a confiar en nosotros mismos y en los otros. En los ciclos y en los aprendizajes que conllevan los desafíos que se nos presentan.

 

Basta con observar cómo funciona nuestro organismo: una máquina sensible y sincronizada, perceptiva, integrada, colaborativa, que lo da todo, que todo lo celebra. Que cuando sus células se creen separadas de la Totalidad, se vuelven un cáncer que baja nuestras defensas y avanza desesperadamente contra el resto de nuestro Sistema.

 

Basta con observar a la Naturaleza: la fuerza del Agua que se mantiene en movimiento, se adapta ante cada curva o encrucijada, fluyendo, siguiendo el impulso de su esencia, sin descanso. O el susurro del Aire que nos acerca ideas, recuerdos, que eleva a las aves en su eterno vuelo, que nos lleva más allá de nuestras supuestas limitaciones, sacándonos de nuestras “zonas de confort”, desafiándonos para que evolucionemos. Contemplando la intensidad del Fuego, que todo lo transmuta y lo atraviesa. Que mantiene latiendo insensato a nuestro corazón y así nos salva, una y otra vez, de la tan frecuente “Muerte en Vida”.

Adentrándonos en las profundidades de la Tierra, que todo lo nutre, lo recicla, lo brinda. Que nos comparte su alimento, sus flores, su cobijo. Que representa a nuestros ancestros, sus legados, sus sueños. Somos quienes somos en nuestro presente, en íntima relación con ellos, con sus aprendizajes y con cada una de las personas que fueron parte de nuestra Vida, transformándola para siempre. Todos ellos anidan en nuestro ADN vital.

 

 

Basta con calzarse la sonrisa y salir a la calle, en un acto de arrojo re-evolucionario, con la mirada apreciativa a cuestas, con los brazos abiertos de par en par, el corazón confiado y dispuesto, con el Alma llena de Gratitud, para encontrarse con un montón de oportunidades de Ser y Hacer en resonancia con nuestra esencia. Para descubrir lo mejor en nosotros y en los otros. Ahí, bien cerquita. Sin necesitar de Wi fi, sin Smart Phone, ni Tablet, ni Laptop, ni LCD, ni Facebook, ni Instagram, ni nada concerniente al atrapante mundo virtual.

 

La Vida en su máxima potencia está al alcance de nuestras manos, de nuestros ojos, de nuestros brazos. Nos bendice con un plato de comida, con una ducha caliente, con una cama donde descansar, con un abrazo profundo, con un recuerdo que permanece vivo en nuestro corazón y nos hace eternos agradecidos por lo compartido. Nos da la fuerza para poner límites saludables, para percibir y valorar nuestra belleza y des-cubrir por fin, la belleza que nos rodea.

 

La Vida se mantiene viva gracias a las redes visibles e invisibles que todo lo unen y lo inter-conectan. La Vida nos invita a dar lo mejor de nosotros a cada instante y a disponernos a “darnos” lo mejor en cada respiración. A otorgarnos buenos pensamientos y sentimientos, a nutrirnos con alimentación y vínculos saludables, aire limpio, actividades e ideales que nos relacionen de manera ética, amorosa, abundante y sostenible con todo cuanto existe, empezando por nosotros mismos.

La Vida nos quiere prósperos y con el corazón lleno de afecto. Inspirados por esa capacidad innata que traemos al nacer, que nos permite ser “afectados” por todas las experiencias que atraviesan nuestro camino. Hasta que vamos vislumbrando nuestro propósito, encontrando el sentido, en la eterna danza de la evolución.

 

La Vida no se olvida de nuestros más profundos anhelos. La Vida nos espera, paciente. Nos da señales, nos envía mensajes encriptados, porque nos sabe capaces de descifrarlos. Nos brinda la música y la poesía para que no perdamos la Esperanza. Para que nos conmovamos y activemos, desde el centro de nuestro Ser, la semilla de lo nuevo.

 

Pero muchas veces no nos damos el tiempo para recibir y leer sus mensajes. Vamos corriendo sin rumbo, detrás de cuestiones efímeras. Hasta que un día caemos rendidos. Hasta que todo nuestro Ser nos pide pista, nos suplica descanso, contemplación, contacto con nuestra propia naturaleza interior. Nos invita a observarnos con nuevos ojos, con el corazón en la mano y a reconfigurar nuestro GPS existencial.

 

Sin perder más tiempo, sin postergarnos más. Trascendiendo las creencias que nos mantienen infelices, separados del pulso de la Vida, disociados del gozo, de la reverencia ante lo sagrado, de la celebración permanente de la existencia.

 

Porque hemos dejado pasar los meses y los años. Hemos vivido privándonos y privando a nuestros seres queridos de nuestra presencia consciente. Y a la Comunidad Humana toda, de nuestros dones dormidos pero latentes, de nuestros saberes y potenciales.

Porque nos hemos olvidado. Nos hemos anestesiado al placer, al disfrute, al tiempo sin tiempo es pos de la “productividad”. Y en ese viaje sin otro destino que la miseria, nos hemos vaciado de sentido, de lo verdadero, de aquello que nos pone la piel de gallina y nos deja sin aliento. Por no arriesgarnos. Para finalmente perderlo todo.

 

Sabemos hacerlo distinto. Sólo es cuestión de recordar: de “volver a pasar por el corazón”. Como cuando éramos niños y contábamos con una inmensa capacidad de sorprendernos. O como cuando éramos muy jóvenes y nos creíamos ilimitados, potentes, impulsados por la intensa fuerza de nuestros deseos.

 

Observar a la Naturaleza puede ayudarnos a recordar el Paradigma originario. Porque mucho se habla del “Nuevo Paradigma”, pero si observamos con atención, de nuevo no tiene mucho. Ya no hay nada que se mantenga oculto, secreto. Ya no. Es tiempo de recuperar el Principio Biocéntrico que rige la Vida desde siempre y por siempre. Que la mantiene en movimiento, evolucionando constantemente, como principio y fin de cada ciclo. Invitándonos a nutrir con integridad, honestidad y coherencia cada pensamiento, sentimiento, palabra y acción.

 

Es tiempo de abrirnos a nuevas miradas que nos permitan reinventemos, expandirnos individual, vincular y colectivamente, con generosidad y en reciprocidad.

Es tiempo de adentrarnos en la frecuencia del “Nosotros” y a partir de allí reconfigurarlo todo, adaptarlo, para regresar progresivamente a nuestra esencia originaria. Rápidamente se transformarán nuestra Economía, la Educación, nuestra forma de alimentarnos, de vincularnos, de organizarnos socialmente. La Naturaleza misma logrará regenerarse y resplandecer, gracias a nuestra resonancia. Nuestra propia naturaleza interior, podrá al fin emanar su gran potencial y su belleza cautivante, especial, única.

 

 

 

Para ello es necesario que nos perdonemos, que pidamos perdón y que nos limpiemos de re-sentimientos. Que dejemos de esperar que el mundo nos reconozca, que nos de lo que creemos merecer, nos resarza o se haga cargo de nosotros. No funciona así, ya lo comprobamos. La ambición, la intolerancia a la diversidad y el ego desmedido nos llevaron precisamente a este punto sin sentido.

 

La Vida nos pide que nos vaciemos de expectativas y de etiquetas. Que nos entreguemos confiados como lo hacen los árboles cada otoño, para que volvamos a empezar, una y mil veces, más livianos y saludables, mientras dure nuestra efímera y potente existencia.

 

Porque la Vida misma se sostiene y recrea a cada instante, gracias a un sin fin de saltos cotidianos de fe, que se abren paso ante su inconmensurable Misterio. Un Misterio indescifrable e incierto, que nos desafía a la humilde tarea de confiar ciegamente en su sabiduría.

 

Es hora de Respetar lo Sagrado que se nos concedió al nacer. Porque la Vida es Sagrada. Porque nuestro primer aliento existe gracias a un acto de Amor y sólo regresando a él podremos decir que estamos verdaderamente vivos. Porque ya no hay tiempo para programar y digitar los futuros escenarios posibles. No hay  garantías. No hay pólizas de seguro que nos permitan seguir adormecidos.

 

Un mundo nuevo nos espera, más equitativo y pacífico, en plena conexión con quienes nos rodean. Porque es gracias al Encuentro en la Diversidad que ampliamos nuestro Universo. Una nueva Cultura está emergiendo: la del Bienestar Humano, Económico, Social y Ambiental. Propone arribar a un nuevo equilibrio juntos, restableciendo la trama vital que ilusoriamente pensamos separada y desconectada.

 

Un mundo nuevo nos anima a transformarnos personal, colectiva y globalmente. Nos anhela totalmente libres de dependencias y ataduras. Abiertos a Cooperar, Compartir, Disfrutar, a Ser con otros, a confiar en Nosotros mismos y en los otros. A creer que esa nueva forma de Ser y Hacer es posible. A percibirlo desde lo más profundo de nuestro corazón. A decir Gracias a cada paso, por la posibilidad cotidiana de repensarnos, de sentir la Vida latiendo en nuestro interior. De transformar nuestra realidad con sólo despedirnos de las viejas creencias que nos mantienen esclavos. Con sólo ser agradecidos por Todo y por Todos. Con sólo abrirnos al Amor. Hoy y Siempre. Ese alimento vital que hace posible este instante eterno.

 

Hasta la próxima!

Vero

 

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© Vero Willenberg, para HACID MAGAZINE Barcelona, Junio 2018

 

 

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