A LA HORA EXACTA !

Lo nuevo nace del Amor, como la Vida. No puede ser de otro modo.

En primer y último lugar, Amor por nosotros mismos, por nuestros pares y, sin escalas, por la Humanidad toda.


Porque es habitando y honrando nuestra esencia que florecen nuestros más preciados dones y podemos cosechar nuestros más jugosos frutos. Y de qué se trata esto de “habitar en nuestra esencia”? Para ser gráfica, imagínate pelando una cebolla. No, no te enfoques en las lágrimas. Aunque en ese proceso las habrá, te lo adelanto. No hay por que temerles. Ayudan a des-agotar.


Se trata de imaginarte a vos como una cebolla. Si… No es tan terrible!

Una cebolla a la que le vas quitando varias capas, piel, velos. Y vas llegando a su centro. Si, ahí donde pasa todo lo intenso. Ahí donde por momentos te sentís en un profundo abismo. Ahí donde habitan tus más temidos miedos y, paradójicamente, donde reside tu propio y ansiado paraíso.


Lo nuevo se gesta cuando alumbramos esos rincones oscuros, temidos, inciertos. Esas reacciones incómodas, esas mañas a las que volvemos una y mil veces, aunque sabemos, porque bien lo sabemos, que nos alejan del Amor. Si, del Amor con mayúscula. No del que nos quieren vender desde Hollywood! El Amor real, el cotidiano, el compartido con quienes más te pueden. Y también con esos desconocidos por los que lo das todo, cuando anhelas el bien común.


Y en ese camino de parir lo nuevo nos toca alumbrar nuestras sombras. Esas que aparecen cada día en un sinfín de espejos que nos hacen ruido, que nos alteran y nos sacan de nuestra “zona de confort”. Y salirnos de esa panacea que nos mantiene inmóviles, recorriendo siempre los mismos caminos y arribando siempre a las mismas conclusiones y a los mismos lugares, no es tarea fácil.


A medida que nos desafiamos a nosotros mismos, devienen el enojo, la rabia contenida, la impotencia, la desilusión, la frustración y la dura caída de las rejas que nos mantenían prisioneros, mientras permanecimos esclavos de nuestras propias creencias.

Muy adentro nuestro sabemos, que enraizarnos en nuestra propia esencia es el único modo de renacer, de reinventarnos, de reconfigurar nuestro GPS existencial. Reciclando, transmutando, liberándonos de las viejas estructuras, de las creencias obsoletas. Saldando nuestras deudas, materiales y kármicas. Perdonándonos. Pidiendo perdón. Perdonando a quienes nos hicieron daño y asumiendo cuánto nos ayudó a crecer la adversidad. Cuánto nos enseñó a ser más compasivos, a volvernos autosustentables y responsables de nuestro propio devenir.


Sólo cuando soltamos nuestras certezas, esas supuestas seguridades, y nos adentramos en lo incierto, logramos vislumbrar un horizonte más calmo, amigable, compasivo y reparador. Cuando dejamos de correr al ritmo de la tiranía del reloj, de las exigencias, del “tener” por sobre el “Ser”. Cuando nos animamos a vivir más livianos, con mayor fluidez ante las circunstancias que nos rodean y nos desafían.


Cuando nuestro reloj marca “la hora exacta” y no adelantamos su frecuencia para llegar a ningún lugar. Cuando habitamos con plena presencia nuestro presente y somos capaces de agradecer el instante eterno que transcurre sin expectativas sobre el futuro, ni lamentaciones sobre el pasado.


Ahora mismo, mientras co-creamos estas palabras, mientras contemplamos lo que somos, tenemos y hacemos y, respirando conscientemente en este preciso instante, somos uno con todo cuanto existe.


En este momento mágico e irrepetible, en cualquier lugar y circunstancia en la que nos encontremos, podemos elegir agradecer el estar vivos y animarnos a Ser todo cuanto deseamos Ser. Sin más autolimitaciones ni postergaciones.


Porque lo nuevo por Nacer se concibe desde el Amor, como la Vida misma.

Hasta la próxima!


Vero

#Paz #Bienestar #Gratitud #Reinventarse


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© Vero Willenberg, para HACID MAGAZINE Barcelona. Marzo 2018

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